La franja de los Ni Ni

La franja de los Ni Ni  Por: Juan Antonio Ruiz Romero Un reciente informe del Grupo de Investigaciones Económicas de la Universidad Libre de Pereira referencia que en el Área Metropolitana Centro Occidente hay un poco más de nueve mil jóvenes, entre 15 y 18 años, a los cuales denomina la “generación NI NI”: Ni estudian Ni trabajan Ni tienen un proyecto de vida claro. La Generación Ni Ni, que tiene un nombre bastante sonoro sobre todos para los investigadores, empezó a identificarse hace algunos años en países europeos como España, Francia e Italia y en los tiempos recientes, por aquello de las semejanzas actitudinales, se extendió a países latinoamericanos como México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Argentina y ahora Colombia. Claro que los factores que influyen sobre esos jóvenes parecen tener orígenes diferentes. En el caso europeo se perciben como una reacción de rebeldía a unas sociedades muy enfocadas al consumo y, en donde, los muchachos se niegan a asumir un rol predestinado: estudiar, trabajar, casarse, como prerequisito para lograr una vida confortable. Esa generación, a la vez autónoma y confundida, indignada y con una renovada sensibilidad social, se niega a cumplir con un libreto, en países en donde el desempleo juvenil y de los recién egresados supera el 40 por ciento. Además, es una generación del “amor libre”: libre de cadenas, de apegos, de compromisos. En el caso latinoamericano, se mantienen algunas constantes como la presión del consumo, pero el entorno para los jóvenes es diferente. La desesperanza que ronda a miles de muchachos está relacionada con la pobreza, la falta de oportunidades, la inequidad social, la concentración de la riqueza, en donde, para muchos, las únicas opciones de romper ese círculo vicioso están asociadas a actividades ilícitas. Las historias de los grandes capos de la droga, de los jefes de las pandillas centroamericanas conocidas como “maras”, de los traficantes de migrantes en México, se convierten en el referente de vida cotidiano, para esos jóvenes que no se hallan en una estructura social excluyente, limitada y llena de privilegios para unos pocos. Cuándo una persona está en esa franja de edad, entre los 15 y los 18 años, y carece de sueños, de esperanzas, de motivaciones es que algo está fallando, tanto en ellos, como en su estructura familiar, pero también en la sociedad de la que forman parte. En el caso de Pereira, Dosquebradas y La Virginia, son 9 mil jóvenes para los cuales, ni la sociedad ni las instituciones del estado están formulando una oferta vital atractiva. Son esos mismos jóvenes que, cuando juega el Deportivo Pereira se levantan a las 6 de la mañana, se ponen la camiseta y salen a caminar desde sus barrios, por distantes que sean, rumbo al estadio. Son los que piden plata en los semáforos para comprar la boleta. Son los que se van trepados en una tractomula para ver al equipo en Villavicencio, Popayán, Guarne o Sabanalarga. Son seres humanos para los cuales su única pasión es el equipo de fútbol. Son jóvenes que en muchos casos consumen sustancias sicoactivas y delinquen. Que ni estudian ni trabajan, pero tienen a la novia embarazada. Además de restringirles el acceso al estadio y de perseguirlos: ¿Cuál es nuestra oferta social para ellos? ¿Qué les ofrece la institucionalidad pública? ¿Cómo los integra el Deportivo Pereira a ese sueño amarillo y rojo? Puede ser que esos 9 mil jóvenes sean la franja NI NI. Pero, a la misma perteneceremos todos los que Ni los reconozcamos, Ni hagamos nada por brindarles una opción de vida.  ]]>

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